Los Beatles y yo. Música y de todo un poco.

martes, 29 de julio de 2014

Un curioso vídeo

Este video es el fruto de una tarde de aburrimiento. Solo lo mantendré durante unas horas porque no quiero tener problemas por infringir los derechos de autor de estos chicos que están empezando ahora y que tienen tanta necesidad de dinero fresco. Aún cuando MI colección de discos, libros y demás parafernalia OFICIAL de los Beatles les hayan producido un alto rendimiento. En ningún caso está en mi ánimo dañar a terceros ni nada similar, ni busco ningún rendimiento económico. Solo demostrar mi querencia por los Beatles.
videoEspero que os guste.

viernes, 25 de julio de 2014

El Sexysoul o Sexydisc

Hablábamos el otro día unos amigos en petit comité del nivel que tenía la música en general, y sobre todo del papel de la mujer en dicho entorno. Concretamente salía a relucir la imagen que algunas artistas hacen llegar al público y que desgraciadamente nublan el talento que tengan o pudieran llegar a tener. Hablamos de Rihanna, Jennifer López, Miley Cyrus... Y hay más. Parece que las actuales divas de la música solo saben incurrir en la morbosidad, en enseñar cacho y lanzar a los oyentes una música totalmente intrascendente, comercial y totalmente perecedera.

Pero si nos paramos a hacer memoria nos daremos cuenta que esto no es nuevo dentro de la música y, sobre todo, dentro de la música de baile creada para llenar pistas. Como digo, hagamos memoria. Retrocedamos en el tiempo hasta principios de los setenta. Una de las variedades que surgirá del soul es la música disco y durante esa década va a arrasar. En esa música con alma pero sin tanto gospel, destinada realmente a dar más gusto al cuerpo y a las ganas de vivir aparecerán artistas que pondrán a sus composiciones no solo baile, sino también romanticismo, seducción e incluso una sexualidad latente. Lo que podríamos llamar sexysoul o sexydisc. Sensualidad en toda su extensión.

La reina por excelencia de todo aquel maremagnum hedonista fue Donna Summer. Con su primer éxito de ritmo machacón ya se intuía por donde iría el asunto: I Feel Love. Pero el tema que realmente abrió la veda fue Love To Love You Baby . Una canción con un riff pegadizo, una voz susurrante y por momentos jadeante que podemos etiquetar como erótica total. Curiosamente cuando se editó en E.E.U.U. se hizo con una duración de diecisiete minutos, perfecto para las pistas de baile, y para algo más si se terciaba. En su siguiente disco seguía incluyendo referencias sexuales explícitas como se puede escuchar en Bad Girls, sobre la prostitución, y Hot Stuff, en donde dice cosas como "Quiero compartir mi amor con un amante de sangre caliente, quiero traer a mi casa un hombre salvaje". En fín, que nuestra amiga con el cambio de década abandonó ese estilo disco sexy que tanto éxito le había dado inclinándose más por el pop.

Carol Douglas tuvo también bastante éxito a lo largo de los setenta y parte de los ochenta, sobre todo en E.E.U.U. y Reino Unido. El gran momento de Douglas llegó con Doctor's Orders, una plegaria telefónica de la insurrecta que le pide al maromo que vuelva, que la muchacha tiene unas necesidades y que ya está bien. No sabemos si el chico la hizo caso o no.

Otra de las chicas que aportaron su granito de arena a la música sexysoul fue Anita Ward y su Ring My Bell. En su canción había versos como "Recostémonos y relajémonos mientras pongo a un lado los platos de la mesa. Luego tú y yo podemos hacer sonar la campana". Pero al margen de este tema y algún disco más posteriormente no volvió a tener mucho más éxito por lo que supongo que nadie le volvió a tocar la campanita. Cosas que pasan.

Pero no toda la música sexydisco estaba dominada por mujeres. Entre todas ellas apareció un hombre de gran envergadura y "garganta profunda". Un señor que en muchas de sus canciones y en todo cuanto tocaba aparecía la palabra amor: Love Unlimited, un trío musical femenino fundado por él; la Love Unlimited Orchestra, su propia orquesta; y por supuesto sus canciones, como uno de sus grandes éxitos Love's Theme. Uno de las grandes características de Barry White era su facilidad para parecer que cantaba, o casi susurraba, al oído del oyente, dotando a su música de una gran sensualidad. De hecho se llegó a llamar a su estilo el soul de alcoba. He aquí un ejemplo de los muchos que dejó: Never Never Gonna Give You Up.

Igualmente que no todo es femenino en la música disco, no todo es negro. Alejándose un poco de todo esto que estamos hablando pero con una fusión entre disco y rock apareció Rod Stewart con el disco Blondes have more fun que incluía el tema Da Ya Think I'm Sexy?. La connotación sexual no deja lugar a dudas. Y como el tema tampoco daba para mucho más el rubio se fue por otros derroteros en la siguiente década.

Finalizado este pequeño recorrido por la música sexysoul o sexymusic de los setenta creo que debemos reconocer que una parte de ella es totalmente prescindible y que casi está, desgraciadamente, a la altura de lo que se hace ahora por parte de ese grupo de petardas tan radiadas en radiofórmulas. Pero otra gran parte destaca por su buena elaboración, por ser un producto interesante y las debemos etiquetar como buenas canciones que han conseguido perdurar en el tiempo. Y es este detalle, la perdurabilidad, el que nos demuestra si una canción es buena o no. Quizás con el paso de los años y cuando echemos la vista atrás a la década que vivimos ahora es posible que veamos su música de manera distinta a como lo hacemos hoy. O seguramente no.
En cuanto al papel de la mujer dentro del mundo del espectáculo espero que cambie. Afortunadamente hay muchas artistas jóvenes con mucho talento y sería insultante para ellas meterlas en el mismo saco. Afortunadamente hay más a parte de querer ser la más sexy o la más provocadora, y entiendo que muchas de ellas querrán ser respetadas como artistas. Ahora, si a ellas eso no les importa.

viernes, 18 de julio de 2014

365 atardeceres, o casi.

Creo que hay muchas cosas en esta vida que me hacen "simple y llanamente" ser feliz. No es necesario recurrir a cuestiones filosóficas o de gran enjundia. Las más de las veces nos encontramos yendo de un lugar a otro a toda prisa, sin tiempo para detenernos un solo momento. Para mirar alrededor y percatarnos de lo que realmente se cuece a nuestro lado y de cuantas cosas nos perdemos por "simple y llanamente" no pararnos a mirar.
Me podría poner pedante y decir aquello de que la belleza de la vida está en las cosas pequeñas, pero es que es verdad. O sea que se encuentra en lo que no nos fijamos. Y es mucho lo que se queda atrás sin ni siquiera haberle echado un vistazo. Una pena. Pero es lo que hay.
Así que yo puedo decir que soy un privilegiado. Y puedo decirlo a ciencia cierta porque son muchas las cosas de las que puede presumir que me hacen feliz, y muchas de ellas son como Aquellas pequeñas cosas que cantaba Serrat. Aunque hay algunas de ellas que me pierdo porque no se pude estar en todo, así como también las hay no deseadas, pero eso no toca hoy. Hoy es de esos días en los que puedo pararme, pararme y admirar lo que hay alrededor. Y entre esas cosas que a uno le hacen feliz es poder asomarme a la terraza de mi casa y tener la oportunidad de admirar cielos como estos. Una gozada creo yo. Y no es necesario más. Pararse a mirar tiene estas cosas. Estas cosas que son aquellas pequeñas cosas.


Esta entrada es el resultado de un año durante el cual  he fotografiado casi 200 atardeceres. Seguro que las vistas que puedan tener otras personas serán espectaculares, así como igualmente las fotografías obtenidas podrían ser mejores. Pero esto para mí es más que suficiente.

viernes, 11 de julio de 2014

Van Morrison

Hace bastantes años y desconocedor totalmente de la obra de Van Morrison decidí comprarme un disco del de Belfast. Es verdad que conocía algo de su primera época con Them allá por los sesenta, poco la verdad: GloriaBaby, please don't go... Buen Rhythm & blues, vaya. Pero de lo que hizo posteriormente no tenía la menor idea y me apetecía saber a qué sonaba este hombre que tan buenas críticas cosechaba. Y fruto de todo ello cuando llegó mi querido Discoplay a casa me dispuse a ver lo que traia de este hombre. Teniendo en cuenta que mi presupuesto siempre era más bien escaso me decanté por uno de esos discos que solían venir en oferta. El titulo elegido era Common One. Con el tiempo me enteré que no fue de los más aplaudidos de su carrera hasta ese momento, pero a mí me entró muy bien. Fue uno de esos discos que machaqué a lo largo de un verano. Tiene un sonido muy relajado, apto para esas tardes caniculares en las que piensas hacer de todo y, simplemente, no haces nada. Solo dejarte llevar por la melodía mientras sueñas con recorrer los campos ingleses con Van The Man. Si te deja, claro, habida cuenta de su mal carácter. Y hablar también de esa portada tan sencilla pero evocadora. En fin, que puedo decir a ciencia cierta que yo pasé aquel Summertime in England.

Si hay algo que marca el disco de principio a fin es su sensibilidad y espiritualidad, se aleja de un estilo abierto dando menos opciones al oyente, por lo que o te gusta el disco o no, no hay medias tintas. Musicalmente sucede lo mismo, si estás acostumbrado a escucharlo desde la perspectiva del rhythm & blues o del soul este disco sorprende, pues es directamente jazzy, con mucho metal. Así que no me extraña que en su momento cogiese a muchos con el pie cambiado. Pero es un disco que me ha tenido siempre pillado, e incluso ahora que vuelvo a escucharlo me sigue sugiriendo cosas nuevas e interesantes.

Y todo esto viene por dos cuestiones. Primera, porque con los años he escuchado algo más de nuestro amigo, pero tampoco mucho y con poco interés, he de decirlo. Y lo más curioso de todo es que un disco me impactase tanto y sin embargo no me empujara a investigar en la discografía de este buen hombre. Pero, y segundo,  ahora no me queda más remedio que hacerlo porque entre la última tanda de discos de vinilo regalados vienen "cuatro lp's cuatro" de él. Así que me he enfundado el mono de trabajo, me he líado la manta a la cabeza y los tengo sonando uno detrás de otro mientras escribo esto. Y mi interés por él va creciendo.

viernes, 4 de julio de 2014

Flowers in the dirt

A finales de los ochenta y en plena efervescencia juvenil yo ya era todo un beatlemano. Me gustaban, por supuesto, otros grupos y estilos, y escuchaba mucho y variado pero lo mío eran los Beatles. Aunque curiosamente no escuchaba las carreras en solitario de los de Liverpool. Es más, podría decir que estaba hasta disgustado con ellos. Quizás una de las cosas que más me jorobaba era ver como los integrantes que quedaban del grupo hacían algunas cosas interesantes pero no terminaban de sacar nada realmente rompedor, sugerente o que, simplemente me llamase la atención. Ringo publicaba discos sin mucha trascendencia mientras lidiaba con sus problemas con el alcohol. George Harrison se había tirado media década retirado desde el asesinato de John Lennon. Y Paul McCartney andaba de acá para allá sin saber dónde plantar la era.

Y de repente se produce el cambio. George Harrison saca a finales de 1987 el interesantísimo lp Cloud Nine ayudado por Jeff Lynne, y al año siguiente se asocia con este y unos coleguillas para formar el supergrupo Traveling Wilburys, siendo un auténtico bombazo. Y Macca por su parte publica en 1989 Flowers in the dirt, y aquí es donde yo quería llegar. Este es el punto de inflexión. Porque, como decía, pasaba yo por esa época rara, en la que pensaba que de la vena Beatle ya no podía conseguir nada más, y que en el fondo se les había acabado la chispa, y viene Pablito y se saca un disco que lo planta en el número uno, y hace que vuelva a mirar con otros ojitos al de Liverpool. Pero no solo eso. A continuación se embarca en una gira de la que también saldrá un disco, bueno mejor dicho uno triple, y con bastante éxito (tanto el disco como la gira). Y también aparece el tour en vídeo con el título Get Back. Vamos, que el tío vuelve a lo grande.
Pero, y lo más importante, volvemos a ver a un McCartney reconciliado con su pasado. Que no ve su etapa Beatle como una losa sino como parte de algo grande y que Él es parte de todo eso, y deja que ese poso beatleliano caiga sobre su obra. Y así es como Paul McCartney vuelve a la vida. Amén.

Parece que parte de la culpa culpita del éxito se produce al dejarse ayudar por algunos amigos como Trevor Horn (The Buggles), David Gilmour (Pink Floyd) y sobre todo Elvis Costello, ya que con él firma varias canciones del disco, empezando por la que sirvió de presentación del mismo: My Brave Face, y que se puede casi entender como una declaración de principios e intenciones.
Pero no solo es esta, también están This OnePut It There (bellísima), Figure of EightYou Want Her Too de nuevo con Costello, un baladón mccartniano Distractions y Motor of love preciosa pero un poquito pasada de minutaje.

Es verdad que no es lo mejor que ha hecho Paul McCartney en solitario pero hay calidad y, tras todo lo último que había publicado, creo que por fin se produce el cambio de registro que necesitaba Macca. Y encima el público sabe sacar partido al punto de inflexión del compositor, así que amén de nuevo.